Último día de buceo y vuetla a Cozumel. Al igual que la vez anterior el taxi me recoge temprano en el hotel. Hoy hay dos taxis. Vamos a ser un grupo numeroso. Al llegar al centro de buceo queda confirmado. 16 personas vendrán esta vez en el barco. Junto con dos guias. Vamos a hacer dos grupos para descender.
El grupo de música no falta en el trasbordador. Su repertorio ha cambiado y los escucho mientras mi pensamiento se adelanta al trasbordador intentado adivinar que nos espera hoy en los arrecifes.
El barco de hoy es más grande. Esta vez no saltaremos de espalda por la borda sino que será una entrada al agua de pie usando el paso de gigante. El inconveniente que tiene es que es más lento que el último que usamos y no nos alejaremos tanto del punto de partida.
Nos digrigimos al arrecife San Francisco. Allí hacemos la primeraq inmersión. Como de costumbre una corriente fuerte que nos arrastra a lo largo del arrecife. Sin embargo hoy no hay mucha suerte. Los peces están tímidos. Peces loro, barracudas y meros se apartan nada más vernos acercarnos. Haciendo imposible tenerlos al alcance del objetivo.
La segunda inmersión se realiza en un arrecife contiguo al San Francisco. De nuevo se aprecia la mayor cantidad de vida en comparación con la costa continental. Pero los peces siguen estando tímidos. Parecde que la despedia va a pasar con más pena que gloria.
Sabiendo que es la última inmersión y con ganas de llevarme alguna última foto apuro el aire hasta el final pero no hay suerte. Alcanzo la reserva y subo a la profundidad de parada de seguridad mientras busco al grupo que se ha adelantado considerablemente mientras hacía una foto.
Los encuentro ya con la boya desplegada y subiendo para hacerla parada de seguridad. Seguimos todos ascendiendo lentamente cuando el guia empieza a hacernos señas frenéticamente. Todo el mundo mira hacia donde señala cuando hace la señal de tiburón. Y, efectivamente, ahí esta. Un tiburón nodriza de unos dos a tre metros. Pasando tranquilamente contra corriente a unos 20 metros por debajo de nosotros. Todo el grupo se olvida de la parada de seguridad y empezamos a bajar deseperados por acercarnos y velor mejor. Pero es inútil. Antes de que podamos bajar ni diez metroz se pierde nadando elegantemente contra la corriente mientras nosotros abandodamos la persecución sabedores de que no tenemos posibilidad de alcanzarlo. Al menos Cozumel nos guardó una sorpresa para el final.
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